Jerarquía editorial frente a acumulación de contenido

Dic 17, 2025

Hay una idea muy extendida en internet que suena bien y casi nunca funciona: si publicas mucho, crecerás. Si llenas tu web de artículos, el tráfico llegará. Si produces sin parar, el proyecto se consolidará. Es una lógica industrial aplicada a un oficio que no es industrial.

En un periódico, el valor no está en la cantidad de piezas publicadas, sino en la capacidad de decidir qué merece atención. Y esa decisión tiene un nombre: jerarquía editorial.

Cuando un medio renuncia a jerarquizar, ocurre algo curioso. Aparentemente gana neutralidad —“yo publico, el lector elige”—, pero en realidad pierde su función principal. Porque un lector no entra a un periódico para enfrentarse a un inventario. Entra para entender qué está pasando, qué importa y por qué. Si esa estructura no existe, el medio no informa: acumula.

La acumulación tiene una estética particular. Se reconoce rápido. Portadas interminables, bloques repetidos sin intención, titulares al mismo nivel, categorías que crecen como cajones de sastre y una sensación general de “todo está aquí” que, paradójicamente, no ayuda a encontrar nada. A veces la web es bonita, incluso elegante, pero el lector se va con la misma sensación con la que llega a una estantería desordenada: hay mucho, pero no hay orientación.

Jerarquizar no es un capricho visual. Es una responsabilidad editorial. Significa asumir que, de todo lo publicado, unas piezas van primero. No porque sean más largas o porque tengan mejor foto, sino porque ayudan a entender el momento. Significa también aceptar algo incómodo: que una parte del contenido valioso no debe estar en portada cada día. Un periódico serio no intenta enseñarlo todo a la vez. Decide.

En la práctica, la jerarquía se construye con tres recursos que muchos proyectos digitales desaprovechan. El primero es el peso: una o dos historias dominan la parte alta de la portada, con espacio real y lectura cómoda. El segundo es el acompañamiento: piezas que aportan contexto, puntos de vista o utilidad inmediata. El tercero es el flujo: un río de actualidad que no compite con lo esencial, sino que lo rodea.

El problema no es repetir contenido. El problema es repetirlo sin intención. Los grandes periódicos repiten mucho: una historia aparece arriba, luego reaparece con otro enfoque más abajo, y vuelve a asomar en una sección distinta días después. Esa repetición no es redundancia; es edición. Es una forma de decirle al lector: esto sigue importando, pero ahora lo miramos desde otro ángulo.

En cambio, cuando un medio solo acumula, la repetición se vuelve ruido. Las mismas piezas saltan de bloque en bloque porque el sistema no sabe qué hacer con ellas, no porque alguien haya decidido que deben estar ahí. Es una diferencia sutil, pero se nota: en un caso hay criterio; en el otro hay inercia.

La jerarquía editorial, además, tiene una consecuencia directa: reduce la ansiedad de publicación. Si todo depende de publicar más, el medio está condenado a una carrera interminable. Si el medio depende de jerarquizar bien, puede publicar con un ritmo realista, sostener calidad y seguir pareciendo vivo. No necesita una avalancha diaria; necesita una edición consistente.

Esto conecta con una obsesión moderna: “¿cuántas noticias debe tener la portada?”. La pregunta suele esconder otra: “¿cuánto tengo que producir para parecer un periódico?”. Y la respuesta incómoda es que no es un problema de volumen. Un periódico se reconoce por su jerarquía, no por su cantidad. Puedes tener veinte piezas excelentes y una portada mediocre si no están editadas. Y puedes tener menos contenido y una portada convincente si hay criterio y estructura.

En el fondo, la acumulación es un sustituto de la decisión. Es más fácil publicar que jerarquizar, porque jerarquizar obliga a tener una idea del mundo, una prioridad, una línea. Pero sin esa prioridad, lo digital se vuelve una trampa: el archivo crece y la claridad disminuye.

Un medio que aspira a ser periódico debe aceptar esto: la portada no es un escaparate de todo lo publicado. Es una conversación con el lector, una guía de lectura y una afirmación de criterio. La acumulación puede llenar una web. La jerarquía, en cambio, construye un medio.

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